Los jueces tímidos
Le estoy explicando a un amigo uno de los muchos asuntos amorales que rigen mi vida, nada escandaloso pero ciertamente incómodo de contar (por tanto muy divertido, por eso lo he citado: para hacer reír a un amigo, nada mejor que la humillación propia), y de repente me dice muy satisfecho: “Tranquilo, que yo escucho pero no juzgo”. Ya empezamos. No es la primera vez: sé que la frase es […]

