Iberdrola muestra el poder del arte corporativo en el Museo de Bellas Artes de Bilbao
La sala del Consejo de Iberdrola está presidida por una escultura de Eduardo Chillida y otra de Jorge Oteiza, los dos artistas vascos más internacionales del siglo pasado. No es ningún capricho. Que actúen como testigos simbólicos de las decisiones que marcan el devenir de la multinacional bilbaína responde a una forma de proyectar una imagen cosmopolita y, al mismo tiempo, arraigada. Seguir leyendo

