Albert Scopin llegó a Nueva York un día después de que el hombre llegara a la luna, en el verano de 1969. Procedía del sur de Alemania. Formado como fotógrafo en Múnich, utilizaba su apellido de nacimiento, Schöpflin. Tenía 25 años y 270 dólares en el bolsillo. Lo suficiente para instalarse en el 222 West 23rd Street, en una especie de cuarto oscuro con un grifo: una de las habitaciones de más baja categoría del mítico Hotel Chelsea. “Incluso el Chelsea tenía un tipo de jerarquía social. Los residentes de los pisos superiores eran muy respetados, y por lo general, estaban mejor posicionados”, advierte en Scopin: Chelsea Hotel, un nuevo monográfico que reúne sus recuerdos junto a las imágenes que allí tomó hasta 1971, rescatadas tras haber permanecido perdidas durante casi cuatro décadas.
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