En la jerga política británica lo llaman “los poderes de Enrique VIII”, en recuerdo a la Ley de Proclamaciones de 1539 por la que el monarca se arrogó el derecho a gobernar por decreto y saltarse al Parlamento. En la jerga que rodea al complicado mundo del Brexit lo llaman “alineamiento dinámico”: es la idea que persigue el Gobierno laborista de Keir Starmer, por la que el Reino Unido incorporará de modo casi automático las nuevas normas en materia sanitaria y fitosanitaria ―en un primer tramo que se acordaría este verano, respecto a alimentos y bebidas― que vaya aprobando la Unión Europea. De ese modo, se reducirán tanto la fricción comercial como las consecuencias económicas negativas que acarreó la salida del club comunitario.
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