Las guerras en Irán y el Líbano se han entrelazado en el tiempo para provocar el desconcierto general. Ya apenas nadie puede seguir la lógica que guía a la gran potencia militar de Estados Unidos, desnortada por una cúpula política vanidosa e inconsecuente. El Gobierno israelí sí parece maniobrar con claras prioridades. Otra cosa es la desolación que causa su estrategia, pues indica que aquellos que estuvieron detrás ideológicamente del asesinato de Isaac Rabin 30 años atrás se han apoderado de las instituciones del país mientras desmantelan los controles institucionales y las libertades democráticas. Como bien han comprobado los húngaros tras los 16 años de mandato de Orbán, nada es más fácil que corroer la democracia desde dentro. Estos personajes, cuyo paradigma son los Netanyahu, Trump y Putin, ejemplifican el perfil de hombre fuerte tan seductor para algunos ciudadanos que confunden autoridad con autoritarismo. La única fortaleza que estos líderes encarnan es la de aferrarse al cargo, pues después de elegidos no hay quien los despegue del poder ni con espátula.
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