Cada vez hay más personas que quieren una relación estable, que desean compartir la vida con alguien, que están dispuestas a implicarse. Personas que no juegan a hacerse las interesantes, que no esperan tres horas para contestar un mensaje. Y que, aun así, o quizá precisamente por eso, se encuentran con silencios, ambigüedad o ghosting. Cuando expresan con claridad que les gusta la otra persona, que quieren conocerla en serio, algo se enfría. Aparecen las respuestas tardías, la indefinición, lo que viene siendo una clásica situationship. A los que se muestran disponibles se les acusa de ir rápido, de ser intensos o de estar demasiado implicados. Mientras tanto, quien se mantiene en una posición difusa despierta más interés, más persecución, más deseo. Es una sensación extendida que invita a preguntarse qué está pasando en nuestra forma de vincularnos.
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