Hace 20 años, una aspirante a periodista decidió aceptar un trabajo de asistente de dirección en la revista de moda más importante, es decir, con más influencia y poder del mundo. Andy Sacks, interpretada por Anne Hathaway, aterrizaba en Runway casi como una marciana en la Tierra y descifraba a la fuerza todos los códigos de una industria que desconocía, ante la implacable mirada y verbo de su jefa Miranda Priestly (Meryl Streep). Ocurría en la película El diablo viste de Prada, inspirada en un libro del mismo título de Lauren Weisberger, quien había trabajado como asistente de Anna Wintour. La película se convirtió en un clásico instantáneo porque fue capaz de hacer una radiografía del capitalismo aspiracional de los 2000 con un estilismo carísimo. El próximo 30 de abril se estrena en España la segunda entrega. El escenario es el mismo, pero en estas dos décadas unas cuantas cosas han cambiado: el rendimiento extremo se llama burnout, el periodismo encadena su enésima crisis y las jerarquías clásicas de poder se han desmoronado.
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