François Duprat tenía 37 años, conducía hacia la escuela donde daba clases e iba a convertirse en el mártir del Frente Nacional. Estamos a finales de los setenta del siglo pasado y el drama de la violencia política era real en toda Europa. Como si plantase semillas de odio, este profesor de historia había estado en casi todas las batallas del renacimiento de la extrema derecha en Francia desde hacía tres lustros. No había grupúsculo o revistilla radical donde este revisionista, antisemita y anticomunista no hubiese depositado teorías para revitalizar un proyecto condenado por la derrota del fascismo. Cuenta la leyenda que trabajó a la vez para varios servicios de inteligencia y sigue sin estar claro quien cometió el atentado que acabó con su vida cuando estalló el coche. Para su colega Jean-Marie Le Pen, fue la extrema izquierda radical; se dijo que lo había reivindicado un grupo sionista e incluso se ha barajado la posibilidad que lo matase otro grupo de la derecha radical. Lo seguro es que una bomba mató a aquel personaje tóxico y fascinante.
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