La frustración del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a su llegada a la reunión con el resto de líderes de la cumbre de Chipre este viernes era evidente. Tres días antes había comprobado que la propuesta conjunta de España, Irlanda y Eslovenia de suspender el Acuerdo de Asociación con Israel por violar el derecho internacional volvía a encallar en el Consejo de la UE de Asuntos Exteriores. La situación se repetía la noche anterior, el jueves: “Desgraciadamente, hay Gobiernos que están a favor, otros Gobiernos que están en contra. No hay unidad al respecto”. Es decir, no hay mayoría suficiente, venía a decir el mandatario español, sobre uno de los elementos más divisivos en el seno de la UE: las relaciones con Israel y cómo actuar frente a la ocupación del sur del Líbano desde hace semanas, la norma que permite condenar a muerte por defecto a los palestinos sentenciados por terrorismo o las decenas de miles de muertos en Gaza en los últimos tres años.
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