Hace ahora 16 años, en el mercado de Villa de Leyva, un municipio colonial y muy turístico cercano a Bogotá, una campesina sostenía un canasto. A pesar de sus colores y su diseño, no era un objeto concebido para atraer miradas, sino para cumplir una función concreta: llevar la compra de vuelta a casa. Pero los ojos de Silvana Bonfante, antropóloga y gestora cultural, quedaron inmediatamente atrapados. “Le pregunté por él y me llevó a su puesto, donde tenía muchos más. Si mi marido no me detiene”, recuerda, “me los llevo todos”. Finalmente se quedó con uno –“son irrompibles”, precisa– y con algo más difícil de definir: el germen de un proyecto que hoy lidera. La Ciénaga nace de ese encuentro fortuito y busca promocionar la cestería del altiplano colombiano reivindicando, en cada pieza, historias de identidad, memoria y sostenibilidad.
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