Madera de olivo para la candela, al rojo vivo. Una caña para ensartar. Sabiduría para retirar en el momento justo. “Y, por supuesto, lo más importante: una buena sardina”, cuenta David Segovia, de 39 años, que aprendió a hacer espetos de niño sobre la arena de las playas de su barrio, El Palo, donde hoy es el encargado de un merendero mítico, El Tintero. Pescado, sal y fuego son la clave de este manjar, una de las grandes singularidades de la gastronomía de Málaga, donde la tradición local dice que los meses sin erre son los mejores para comer a este pescado azul. Mayo abre oficialmente la temporada para el disfrute. Sus ácidos grasos —como el omega 3— dan sabor al fuego y salud al comensal, que las puede disfrutar también en múltiples formas, del escabeche a la conserva o ahumadas. Mientras haya, eso sí, porque aunque la población de este pequeño pez empieza a recuperarse la situación de la especie es crítica debido, entre otros factores, al cambio climático y la sobrepesca.
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