Cuando a comienzos de 2024 Kim Jong-un, el líder de la hermética Corea del Norte, reclamó una reforma constitucional para enterrar la aspiración de reunificación con Corea del Sur, muchos analistas anticiparon que Pyongyang redactaría un texto abiertamente hostil hacia su vecino. El mandatario norcoreano había pedido incluso que la Carta Magna recogiera la idea de “ocupar, subyugar y reclamar completamente” el Sur y “anexionarlo” en caso de guerra. Pero el documento aprobado en marzo y dado a conocer esta semana por el Ministerio de Unificación surcoreano no va tan lejos, según la interpretación ofrecida este jueves por los servicios de inteligencia surcoreanos. Aunque la nueva Constitución norcoreana consagra por primera vez la doctrina de “dos Estados” separados y borra las referencias a la reunificación de la península coreana, evita calificar a Seúl como un enemigo o como un objetivo militar.
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