Por todas partes en Pucallpa, en la Amazonía peruana, hay unos patrones geométricos en forma de redes que recuerdan a fractales o laberintos en expansión. Están en las paredes de las casas, en los letreros de los comercios, en postes y pilares, en el centro urbano y también en las carreteras. Son los kené, los diseños ancestrales del pueblo shipibo-conibo, que se asienta a lo largo del río Ucayali, afluente del Amazonas. El kené existe desde hace siglos. Durante mucho tiempo fue conocido como artesanía —sobre textiles, cerámica o bisutería—, pero hoy ocupa un lugar distinto. “Es artesanía, pero también es arte”, afirma Sara Flores (76 años) mientras dibuja en su estudio. “Artesanía por lo que ya se ha hecho, y arte por lo que creamos a partir de eso”.
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