No es sencillo convencer a nadie para ir a St. Croix. Incluso si dejamos de lado las glorias de Cuba y República Dominicana, todavía habrá quien señale, centrados en el Caribe anglo, que no tiene los arenales de Tobago, el color de Santa Lucía o ese sentimiento de lejanía del mundo que impone Carriacou. Ni siquiera tiene la fiesta que —por no salir de las Islas Vírgenes— ofrece St. Thomas, algo más al norte, a todos aquellos que dejan de beber en el crucero con la única motivación de seguir bebiendo en tierra. No será que a St. Croix le faltan reclamos para justificar la chincheta en el mapa del turismo internacional: Buck Island es uno de los mejores jardines marinos del Caribe y, por tanto, uno de los mejores paisajes de la tierra para el buceo.
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