Los indicios no eran demasiado positivos. “No tengo miedo a decir que quizá tocaba descansar esta semana, porque jugamos un Masters 1000 la anterior [en Montecarlo] y luego vienen Madrid, Roma y Roland Garros…”, le comentaba Carlos Alcaraz a Àlex Corretja el martes, después de resolver el estreno en el Godó frente a Otto Virtanen y con gesto de que no las tenías consigo. El tenista había sido atendido al noveno juego de unas “molestias” en la muñeca derecha que confiaba que se quedasen en eso, “molestias”. Al día siguiente tenía reservada dos horas para ejercitarse por la mañana, de doce a dos, pero no apareció. Y a eso de media tarde, un mensaje de la organización anticipó las malas noticias: “Atención, a las cinco y media habrá una comparecencia de Alcaraz”.
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