La noche de Todos los Santos de 1570 Santa Teresa de Jesús durmió por primera vez en la casa que había arrendado para alojar una nueva comunidad carmelita en Salamanca. En 1970, cuatro siglos después, se abrió el nuevo Carmelo de San José a las afueras de la ciudad, proyectado por el arquitecto Antonio Fernández Alba. Si la primera preocupación de santa Teresa era encontrar un lugar adecuado para adorar el Santísimo Sacramento, Fernández Alba se preguntó qué necesidades tenían las mujeres mayores que iban a habitar el convento. Se encontró una comunidad envejecida, que abandonaba la casona de un conjunto en un estado precario, del que solo se ha mantenido en pie la iglesia, para ocupar un nuevo edificio en un lugar privilegiado, con las mejores vistas sobre el río Tormes y el circo de Gredos. El arquitecto entendía que el ejercicio físico era imprescindible para ayudar a mantener la salud de las hermanas, y proyectó un convento que reformulaba por completo el modelo tradicional para conseguir ese objetivo, sin dejar de ser fiel a las reglas de la orden carmelita. En estas fundaciones un grupo de mujeres se unen para explorar su intimidad a través de una vida en comunidad que permite potenciar la experiencia mística. El ritmo en el interior del convento viene pautado por las actividades que realizan las hermanas a lo largo del día, divididas en rezo, trabajo y descanso.
Seguir leyendo