La imagen es espeluznante e hipnótica como solo lo son aquellas en las que se siente rondar la muerte sin verse. Pero esta, además, es de una belleza terrible. Podría ser un óleo, una escultura, el ninot indultat por aclamación popular de la mejor falla de Valencia. Vemos en ella a un hombre tan recio como frágil vestido de azul pavo y oro suspendido en el aire cual pelele en el instante de ser empitonado por el recto por un toro de 500 kilos. El hombre tiene nombre, claro: José Antonio Morante Camacho, de 46 años, Morante de la Puebla para los carteles desde hace casi tres décadas. El toro, también: Clandestino, un cuatreño criado en el campo para ser lidiado en la plaza. Tras la foto, ambos corrieron distinta suerte. El hombre ya ha salido de la UVI y se recupera del destrozo interno que le provocó la cornada. El toro, ya habrá sido despiezado en el matadero, tras doblar a la tercera estocada del torero que se quedó al quite, y será carne de chacina fina más pronto que tarde. Hasta aquí, el relato de los hechos de la cogida de Morante el pasado 20 de abril de 2026 en la Maestranza de Sevilla.
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