Por más corrupción que haya en un país europeo, sus ciudadanos la siguen penalizando. De norte a sur, de este a oeste, los comportamientos negativos de los políticos se pagan caros en la percepción que tienen de ellos los ciudadanos. Y eso incluye las faltas que en principio parecen más veniales, como soltar una mentira en una rueda de prensa, aunque siempre se castigan más las que se perciben peores: beneficiar a un familiar aprovechándose del cargo y aceptar sobornos. Pero con un matiz: si el político es de la misma ideología que su votante, este le castigará menos. Y si el votante es joven , penalizará menos al político que un votante mayor.
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En qué consistió el experimento
El estudio forma parte del proyecto de investigación europeo sobre actitudes políticas y comportamiento ciudadano en la UE “Hacia una nueva era de la democracia representativa”, que incluye un experimento con 13.000 ciudadanos de 10 países de la UE (Alemania, Austria, República Checa, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Grecia, Italia y Polonia) a razón de 1.300 encuestados por cada país. En el experimento los autores hicieron análisis conjunto experimental, una técnica de investigación muy utilizada en ciencias sociales y ciencia política para estudiar cómo las personas adoptan decisiones cuando deben elegir entre varias opciones con diferentes características. Así, en lugar de preguntar directamente qué opinan de la corrupción, los investigadores optaron por un experimento más cercano a las decisiones reales de los votantes: mostraron a los participantes distintos perfiles ficticios de políticos —con diferentes ideologías, aparentes orígenes étnicos distintos y comportamientos— y les pidieron que eligieran entre ellos. Analizando miles de esas elecciones, es posible medir con bastante precisión qué atributos pesan más en el juicio de los ciudadanos. . se presentaban a los participantes perfiles hipotéticos de políticos con distintas características —atributos personales como sexo u origen étnico, orientación ideológica y posibles comportamientos indebidos— y se les pedía que eligieran entre ellos y que los evaluaran. A partir de esas decisiones, el estudio observa qué político prefieren los ciudadanos cuando comparan entre varios, cuánto les gusta cada uno y hasta qué punto sienten que ese político los representa.
Los autores sostienen que, combinando estas tres medidas, puede captarse de forma bastante completa el impacto de esos comportamientos en dos dimensiones clave: el apoyo político —si los ciudadanos respaldan o elegirían a ese político— y la confianza política, es decir, si lo consideran digno de confianza y representación.