José Luis Ábalos, Koldo García y Víctor de Aldama han asistido durante tres semanas como espectadores al serial sobre sus años de auge, poder y caída en el que se ha convertido el juicio que se celebra en el Tribunal Supremo. Sentados en la última fila del estrado, los tres acusados han escuchado en silencio un relato que ha pasado del vodevil bochornoso de las primeras sesiones, centradas en los enchufes a amigas del exministro y casas compradas para él por empresarios, al desfile de funcionarios y antiguos altos cargos que han detallado cómo el antiguo asesor de Ábalos promovió en los peores días de la pandemia la compra de mascarillas a la empresa vinculada a Aldama, un comisionista con influencia y presencia constante en el núcleo de poder del Ministerio de Transportes. Los tres romperán su silencio esta semana, cuando la vista entra en la fase final, que incluye, a partir del miércoles, los interrogatorios a los acusados. El resultado es imprevisible por el enfrentamiento abierto entre el ministro y su antiguo asistente con el empresario con el que supuestamente se asociaron para hacer negocio.
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