Soy médica de familia y cada vez con mayor frecuencia acompaño en la consulta las consecuencias directas de la crisis de la vivienda. M. tuvo que salir de un hogar violento y solo puede costearse un almacén sin ducha. S., a quien su jefe subarrienda un apartamento, aunque odia su trabajo, no puede dejarlo porque pierde el piso. O. desea separarse, pero le resulta imposible costearse una vivienda con un solo sueldo. P. debe dejar el piso en el que vive con su mujer y su hija porque vence el contrato, y lo único que pueden permitirse es una habitación en una casa con otras cinco familias. L. compartía piso con su hermana y, tras marcharse esta a otra ciudad, ha pasado a compartir habitación con una amiga, pero teme que la eche, puesto que la despierta cada noche con sus sollozos. Todas estas personas tienen trabajo y contratos estables y, pese a todo, no encuentran una salida digna. Llegan a consulta con síntomas de ansiedad, depresión, insomnio y descompensación de sus patologías de base. ¿Qué se receta en estas ocasiones? ¿Qué tipo de psicoterapia podemos aplicar para ayudarles? ¿Hasta dónde va a llegar esta situación? ¿Cuál es el límite?
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