Lina Kurata propuso a su madre, Setsuko, hacer un libro de recetas que rindiera homenaje a la cocina de tres generaciones de mujeres. Una cocina familiar, sencilla y de temporada, cuyo fin fuera alimentar el alma y el cuerpo. Después de superar la fase de “hija, si yo no soy una profesional”, comenzó la búsqueda en los recuerdos y la estructuración de todas las recetas en las cuatro estaciones del año. “Para mí —escribe Lina— es un agradecimiento a la comida con la que crecí, un homenaje a la tradición culinaria japonesa y a quienes me han enseñado a vivir en armonía física, mental y espiritual”. Así nació Japón. La tradición vegetal (traducido por Blume), escrito a cuatro manos por la madre y la hija.
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