“No voy a contestar, Jesús, lo siento, no me vas a volver a humillar, me siento absolutamente humillada. He aguantado mucho tiempo, he aguantado por pagar las facturas, he aguantado por mis hijos”, dice una tertuliana antes de agarrar su petate y abandonar el plató ante el estupor de sus compañeros. Quien haya permanecido ajeno a las noticias televisivas del fin de semana pensará que acabo de describir algún exabrupto pasado de Sálvame y que la humillada y ofendida es Raquel Bollo o quizá Rosa Benito, madres coraje que por su progenie no sé si ma-ta-ban, pero sí que estaban dispuestas a participar en los teatrillos pro pico de audiencia que se urdían en las salas de guión de La fábrica de la tele y solían terminar con su protagonista llorando sin lágrimas camino del baño mientras la cámara grababa.
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