Tener un teléfono móvil inteligente propio es una de las cosas que más desean niños y adolescentes. Ya no solo porque “todos sus amigos tienen uno”, sino porque representa la puerta de entrada al mundo digital: a los grupos de WhatsApp, los videojuegos, las redes sociales y una mayor sensación de independencia y autonomía. Para muchas familias, el verano parece un buen momento para dar ese paso: hay menos presión académica, los padres y madres tienen más margen para preparar el dispositivo y fomentar un uso adecuado y responsable, y los niños y adolescentes cuentan con más tiempo para aprender a utilizarlo y adaptarse a los límites que se establezcan, que servirán de referencia para el resto del año. Sobre todo, esto también sobrevuela la idea de que, con las vacaciones, será más fácil acompañar ese estreno.
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