El wéstern de una tarde de verano
Cuando adquirí cierta destreza lectora, mi padre me encomendó la tarea de cambiarle las novelas del Oeste en el quiosco. Una práctica que hace tiempo cayó en el olvido. Por un duro entregaba una leída y me llevaba otra. Parece un cometido sencillo; no lo era. Mi padre tenía preferencias claras: Marcial Lafuente Estefanía antes que Keith Luger y Silver Kane —españolísimos ambos a pesar de esos seudónimos que huelen […]

